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M. Yela

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976 57 02 44 / 976 13 84 99

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Cualquier exposición sobre mi obra es, en realidad, una ironía que cuestiona directa y abiertamente la autenticidad de la misma. Puede considerarse, por tanto, un verdadero ejercicio de falsificación, de transferencia, de engaño, de simulacro.
No en vano esta obra podría estar reproducida sobre madera, sobre tela, sobre una pared... en un tamaño u otro y todas ellas ser la misma obra o no serlo ninguna. Porque cualquier representación
que traspase el universo binario en el que ha sido compuesta ya es una copia, ya es una reproducción. La obra no es el soporte, el soporte no es la obra. ¿Por qué limitarla?
Me gusta creer además que, aunque todavía bajo las estridencias de un arte posesivo y apropiativo, vislumbramos un ideal que trata de transferir ese pensamiento plástico hacia una especie de posesionismo holográfico. Un proceso que evoluciona hacia la desmaterialización y que devalúa la propiedad en favor del pálpito, de la emoción.
En ese juego de representaciones e hiperrepresentaciones, de transferencias... la alegoría matérica de la obra deja de ser lo importante y su poder, sustentado sobre la posesión, desaparece. La copia, la obra re-presentada es considerada
desde esta perspectiva como un elemento de post-producción, como un acontecimiento que reactiva la energía emotiva y que está decidida a suprimir el valor fetiche que el arte mantiene.
Para ello mis obras, en este proceso de simulación, emprenden
un camino inverso: se analogizan. Una especie de retrotransferismo, un trans-formato. Una traducción en la que hay un tránsito de códigos. ¿Qué es lo que se pierde? ¿Qué es lo que se mantiene? Si la obra obtenida es una deformación, una corrupción del “original”, es la experiencia del espectador la que se adueña de la información y la dota de una simbología personal, específica, opuesta incluso.
Y ese es el sentido. Se trata de valorar lo inestable contra la rigidez de los formatos, contra la severidad de las representaciones. Se trata de alcanzar la frontera postmedia. El trastorno del canon. Anular el valor del soporte y la dimensión.

 

 

Edición Nº
03
Año
 2010

03

 2010
Disarte 02
...
Disarte 03
Disarte 03

José Ramón Alba

 

presentación que traspase el universo binario en el que ha sido compuesta ya es una copia, ya es una reproducción. La obra no es el soporte, el soporte no es la obra. ¿Por qué limitarla?
Me gusta creer además que, aunque todavía bajo las estridencias de un arte posesivo y apropiativo, vislumbramos un ideal que trata de transferir ese pensamiento plástico hacia una especie de posesionismo holográfico. Un proceso que evoluciona hacia la desmaterialización y que devalúa la propiedad en favor del pálpito, de la emoción.
En ese juego de representaciones e hiperrepresentaciones, de transferencias... la alegoría matérica de la obra deja de ser lo importante y su poder, sustentado sobre la posesión, desaparece. La copia, la obra re-presentada es considerada desde esta perspectiva como un elemento de post-producción, como un acontecimiento que reactiva la energía emotiva y que está decidida a suprimir el valor fetiche que el arte